“Andrés se despierta una mañana como cualquier otra; lo primero que vé es el poster de Radiohead pegado en el techo de su habitación. Mientras recupera el uso de sus sentidos baja a la cocina donde lo espera, como siempre, el desayuno. Su madre le pregunta algo en un idioma ininteligible, y él la ignora. Como siempre. Termina el desayuno y sale disparado de su casa hacia la escuela. Ni bien pone un pié en el asfalto para cruzar la calle, le paraliza el corazón un bocinazo. Un auto pasa a pocos centímetros de él sin detenerse. El conductor agita el brazo por la ventanilla, y Andrés se pregunta cómo pudo ocurrir eso si miró antes de cruzar.
Se encuentra con su mejor amigo en la puerta del salón de clases, se saludan golpeando las manos —a esa hora ni siquiera tienen ganas de hablar—, y se sientan. La profesora se apresura a escribir en el pizarrón y Andrés no entiende por qué lo hace en inglés. Entonces le pregunta a su amigo, quien casi sin dejarlo terminar lo interrumpe en un idioma que, claramente, no es español. Andrés le pide que termine con la broma. Pero su amigo continúa hablado en inglés, lo que provoca la ira de Andrés y el consecuente aumento en el volumen de su voz. La profesora, que parece bastante sorprendida, llama a silencio a ambos. Pero nuestro ofuscado personaje sólo intuye la intención de la docente, ya que ella también está hablando en inglés. Y en una fracción de segundo, horrorizado, Andrés relaciona esto y el incidente con su madre en la mañana. Sale corriendo de la escuela.
En el kiosco de diarios toma un periódico al azar, y luego otro, y luego otro más ―sólo para agotar las posibilidades―, y todos están en inglés. Desesperado le pregunta al diariero qué pasó. Pero éste lo mira perplejo, como si no pudiese entender lo que Andrés dice.”
Cuento que podría titular “Pesadilla”, pero seguramente ese título ya se usó para algo antes. Mejor reflexionemos sobre las Malvinas.
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