Qué mejor —en esta época plagada de
blogs— que comenzar un
blog justificándose. Y al mismo tiempo satisfacer esa necesidad de encontrar un motivo legítimo para sentarse a escribir; camuflar de conciencia social o explosión vocacional la vanidad. Sábato nos dejó entrever esta realidad en
El túnel.
El simple hecho de que escribir un blog personal esté de moda no es suficiente para condenar la actividad. Sólo nos obliga a prestar atención para distinguir los diferentes niveles de calidad en los que podemos organizar este universo. Es muy probable que cada persona que se toma el tiempo de sentarse a escribir sienta que tiene algo que decir. Luego las aguas se dividen entre los que creen que hay alguien interesado en leerlo y los que creen que no les importa si alguien los lee. Yo creo que todos escribimos para que alguien nos lea, aún cuando no estemos completamente seguros de quién. Porque, como dijo el profesor de un curso de redacción al que asistí, lo que escribimos nos trasciende y es irrevocable.
Verba volant, scripta manent. Y así dejamos algo nuestro en este mundo para cuando nosotros ya no estemos aquí. Nuestra cultura considera que a lo largo de la vida es necesario plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. No es casualidad que los tres objetos estén destinados a trascendernos. Es una forma luchar contra nuestra propia muerte.
Aceptemos que todas las personas tienen algo que decir. Luego aceptemos que no todo lo que tienen para decir las personas es interesante. Por último ejercitemos la democracia dejando que cada lector decida qué le resulta interesante. Al fin y al cabo para escribir algo atractivo el autor tiene que ejercitar su inteligencia con una actividad intelectual como por ejemplo, escribir. Al mismo tiempo que aprende a mejorar la forma en que redacta.
La frase "no importa lo que digas, sino cómo lo digas" es verdadera desde un punto de vista social y psicológico, aunque no sea adecuada para hacer un juicio de valor sobre una obra. Partimos de la premisa: el que escribe cree que tiene algo que decir. Si el mensaje no llega por defectos en su forma, la comunicación no se produce. Por esto existe infinidad de literatura teórica y práctica sobre las estrategias y normas de escritura. Pretender que la forma del texto no importa en lo absoluto es un acto de soberbia que conduce al fracaso.
Mis conclusiones: no importa que haya miles de
blogs, uno más puede hacer la diferencia. Es una empresa que requiere mucho esfuerzo, atención y práctica. Es importante ordenarse y evitar que el contenido esté minado de material que se creó por el compromiso innecesario de publicar algo nuevo cada día. La dedicación a la forma del texto es imprescindible para su comprensión y eficacia. Finalmente, el lector deberá elegir.